Cómo funciona la estimulación magnética transcraneal (TMS)
Una explicación clara del mecanismo de la TMS: cómo los pulsos magnéticos modulan los circuitos del cerebro, qué se siente durante una sesión y por qué es una técnica no invasiva y segura. Con vídeo.
La estimulación magnética transcraneal (TMS, por sus siglas en inglés; también EMT en español) es la técnica de neuromodulación más consolidada para tratar la depresión. Es no invasiva, no utiliza fármacos y cuenta con el respaldo de agencias como la FDA. Pero, ¿qué es exactamente y cómo consigue mejorar el estado de ánimo?
¿Qué es la estimulación magnética transcraneal (TMS)?
La TMS es una forma de neuromodulación que utiliza pulsos magnéticos —los mismos principios físicos de una resonancia magnética— para inducir de forma no invasiva pequeñas corrientes eléctricas en la corteza cerebral. Una bobina colocada sobre la cabeza genera esos campos magnéticos y modula la actividad de una región concreta del cerebro, sin necesidad de cirugía, anestesia ni ingreso hospitalario.
¿Cómo funciona la TMS?
En la depresión, ciertos circuitos cerebrales trabajan de forma desincronizada. La TMS estimula la corteza prefrontal dorsolateral, una región clave en la regulación del estado de ánimo, y a través de ella modula estructuras más profundas implicadas en la enfermedad. Repetido a lo largo de las sesiones, este estímulo ayuda a "reajustar" la red y a restablecer un funcionamiento más equilibrado.
- No es invasiva: no requiere cirugía ni anestesia. El paciente permanece despierto y se reincorpora a su día con normalidad.
- No es farmacológica: no introduce sustancias en el organismo, por lo que evita muchos de los efectos secundarios sistémicos de los antidepresivos.
- Es focal: actúa sobre circuitos cerebrales concretos en lugar de sobre todo el cuerpo.
- Es ambulatoria: cada sesión dura pocos minutos y no necesita ingreso.
¿Para qué se usa la TMS?
La indicación con mayor evidencia es la depresión, especialmente la depresión resistente al tratamiento (cuando los fármacos no han funcionado). Además, la TMS se utiliza o se investiga en otras condiciones como el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC), la ansiedad y las adicciones. Puedes ver los estudios que lo respaldan en nuestra página de evidencia científica.
TMS acelerada y personalizada: el siguiente paso
La TMS convencional suele requerir una sesión diaria durante 4 a 6 semanas. Los protocolos de TMS acelerada concentran varias sesiones al día durante pocos días, logrando resultados en mucho menos tiempo y con un perfil de seguridad al menos igual de bueno. Y cuando la diana se calcula con neuroimagen funcional individual, en lugar de con medidas estándar del cráneo, la eficacia mejora de forma notable.
¿Es segura la TMS?
La TMS tiene un perfil de seguridad muy favorable. No es dolorosa —la mayoría de pacientes describe una sensación de golpecitos en el cuero cabelludo— y los efectos secundarios más frecuentes son leves y transitorios, como una molestia local o dolor de cabeza. A diferencia de los antidepresivos, no provoca efectos sistémicos como aumento de peso o disfunción sexual. Además, la evidencia muestra que los protocolos acelerados no aumentan el riesgo de efectos adversos graves respecto a la TMS convencional.
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